jueves, 26 de abril de 2012

  Paolo dejó su taza de café en la mesa mientras miraba a los ojos de Tony. No se podía haber enterado por él, no así. Era algo que tendrían que haberle dicho en primera persona. Odiaba tanto secreto. Se levantó, recogió su casco y su fusta y se dispuso a su práctica diaria de hípica.
  Tras haber mandado que asearan a su caballo, se fue a su baño. Era uno de sus pequeños placeres, un baño caliente. Se desnudó y se puso su bata. Abrió el agua caliente y dejó que el olor de las sales perfumadas inundara su nariz. Pero algo interrumpió su baño.
  Entre el vapor del baño apareció él. No debía estar allí. Se suponía que huía, que estaba lejos. Pero estaba ahí de pie, con las manos manchadas de sangre.

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